

Lorenzo (mi hijo) jugó un partido muy importante para la categoría en la que está, del club que pertenece hace varios años; era una semifinal evento que no había sucedido antes (ni ellos lo podían creer). Jugaban contra un equipo “fácil” supuestamente. Lorenzo es arquero, viene de una racha buena junto a su equipo.
El domingo le hicieron 10 goles, lo vi mal, al límite de las lágrimas, quería meterme en la cancha y consolarlo (haciendo alusión justamente a mi nombre) desde la hinchada le decían “no pasa nada Lolo” "está todo bien”- sé que él no escuchaba eso,-solo sentía el pesar de esos goles. Lo vi esforzándose hasta el final y cuando terminó, toda la realidad se hacía carne, NO PASARON A LA FINAL.
Yo lo esperaba, como siempre después de cada partido (no suelo estar en las gradas sino a un costado y no viéndolo directamente… y si... soy cabulera), esta vez venía mal, conteniendo sus ganas de llorar caminando ese pasillo que seguramente se le hizo eterno desde donde le dieron palabras de aliento “está bien Lolo, atajaste bien, no pasa nada”, y el solo quería pasarlo, no quería parar como antes. Mientras continuaba su andar, se le acercaban otros chicos y le daban la mano y lo abrazaban y seguían esas mismas palabras “bien Lolo”, yo quede atrás llamándolo insistentemente una y otra vez: "Lorenzo" repetía sin conseguir que él pare a mi llamado.
Mis palabras seguían insistiendo, no se detenían, iban hacia otro que no quería saber nada de eso, hasta que justo ahí en esa insistencia un nene de 12 o 13 años me dice PARE SEÑORA PARE DÉJELO, DEJE QUE SE VAYA AL BAÑO con una postura digna de alguien que sabe de lo que habla. Esos dos significantes PARE Y DÉJELO, fueron necesario para que yo pare, me detenga, deje de insistir con ese llamado, que más sonaba a eso que se inmiscuye en el otro sin dejar lugar a lo que en ese momento deseaba Lorenzo: que lo deje ir.
Es entonces justamente ese llamado (que era con buena intención, aunque leí por ahí que hay que sospechar de las buenas intenciones) el que iba a invadir todo el ser de quien no quería saber nada de eso, pero que no me lo podía decir él, y fue necesario un pequeño otro con su PARE SEÑORA que vino justo a ese lugar, y al que escuché y le dije tenes razón.
Tenía que parar, callar o acotar mi voz, mi más allá, porque en ese momento era necesaria otra presencia: la del par-amigo-futbolero, y de eso mamá no sabe todo, ese par que sabía de las derrotas, sabe que el baño/vestuario es el lugar de la intimidad donde yo no tenía nada que ver ni que hacer. Era de esa intimidad a la que yo no tenía ni tengo acceso, era lo que Lorenzo necesitaba para que no lo vea llorar o, mejor expresado, nadie lo vea llorar.
Y vino otro a marcar eso con un PARE Y DEJELO y escuché y me detuve, Para Dejarlo y que siga andando.