

Texto elaborado en el marco del taller "Síntomas Contemporáneos: lógica de la vida amorosa".
German García[i] sugiere que no existen temas psicoanalíticos, sino que puede hacerse una lectura psicoanalítica de diversos temas. Con esa premisa en el marco del taller “Síntoma Contemporáneos: lógica de la vida amorosa” me aventure en una lectura sobre esta artista que tuvo un paso fugaz por la vida, pero que dejo su estela en el universo de la música.
La voz de Janis Joplin parecía venir del cosmos y trasladar al oyente hacia él. La bruja cósmica podía, transformar la tristeza en alegría y confortar a los demás, aunque ella tomara whisky que no lograba confortarla, whisky sureño de confort era la marca que bebía.
“Soy una de esas personas comúnmente raras”[1].
Janis Joplin[2], rememora que nació el 19 de enero de 1943 en Port Arthur, Estados Unidos. Port Arthur, el infierno según ella, era un conglomerado industrial y parte de la cintura bíblica, un área cultural extremadamente religiosa e intolerante.
La relación con su madre, una mujer severa, con más poder y fuerza en la voz que en el corazón, con valores ultra religiosos y conservadores, fue de amor-odio. De su madre, de una voz exquisita, heredo la pasión por el canto. Fue ella quien le compro un piano para que cantaran juntas, hasta que nacieron -Laura y Michael- sus hermanos a quienes les dirigió su atención. ¿El padre? Fue alguien ausente. De él cogió cierta inquietud intelectual, pero se distancio cuando éste se aisló para beber en soledad con sus libros.
Escenario familiar en que podría ubicarse aquel señalamiento de Indart, J. C.[ii], que la clínica, en ciertas coyunturas, cuestiona aquello que Lacan menciona como: "La palabra del padre debe constituir Ia ley para Ia madre (...) en tanto que el padre puede dar a la madre lo que ella desea (el falo) porque lo tiene (…)” y como consecuencia de ese cuestionamiento, añade que puede emerger un pacto de sedición a partir del cual dos mujeres pretendan vivir eludiendo Ia función simbólica introducida por el falo.
Laura y Michael Joplin, relatan que podrían haber sido la familia perfecta, pero que Janis tenía otros planes. De niña la echaron del coro de la iglesia porque no seguía las instrucciones. Su madre la describía como alguien que no encajaba en el entorno, causaba conflictos y demandaba atención constante. Cuando consulto por estas conductas, obtuvo como respuesta que si no lograba que se civilizara “a los 18 años, su hija, iba a estar presa”.
Indart, J. C[iii]. retoma el texto de Lacan “El atolondradicho" donde refiere que la “elucubración freudiana del complejo de Edipo en la que la mujer es en él pez en el agua, contrasta con el estrago que en la mujer puede ser la relación con la madre, de la cual parece esperar en tanto mujer más sustancia que del padre (…)”. El autor ubica que cuando el niño ha constituido a su madre como sujeto, se encuentra sometido a la ley de la madre. Adjudica así al deseo materno una dimensión significante y a dicha ley la cualidad de “incontrolada”, en tanto interpela como un imperativo caprichoso.
“Si estás recibiendo más mierda de la que mereces (…) lo que necesitas es más música”.
Janis advierte que sus demonios nacieron en su infancia y crecieron durante su temprana adolescencia. El cambio corporal de la pubertad le fue desfavorable, dirá: “a los catorce años gane grasa y perdí gracia”, y su cara se cubrió de acné, enemigo al que combatirá durante su corta vida. Janis se convirtió en la diferente y en consecuencia, sus lazos más cercanos eran dos chicas hebreas y excluidas.
Miller, J. A.[iv] señala que en la enseñanza de Lacan, el cuerpo es introducido eminentemente como falo, esto es, en tanto partes significantizadas del cuerpo y mortificadas, pero también advierte que finalmente el cuerpo entra como objeto a, en tanto el cuerpo mortificado por el significante deja lugar para restos suplementarios que escapan a la mortificación (pp.65).
Su estética pasó de no coincidir con el canon de belleza americano, a transformarse en un pronunciamiento ideológico. Ella decía que la integración racial era lo adecuado, pero en su ciudad había una unidad del Ku Klux Klan que la acosaba. Peor que ese acoso, fue la nominación en el concurso escolar al “hombre más feo del año”. Sintió ese galardón como un acto de crueldad absoluta, lo que acrecentó sus ganas de emigrar donde hacían la música que admiraba.
Miller, J. A.[v] refiere que existen dos efectos del significante en el cuerpo, uno que es la mortificación y otro que es la producción del plus de goce. En este sentido, propone que el significante es causa de goce, incidiendo sobre el goce del cuerpo, que es lo que Lacan llama el síntoma, refiriéndose a la modalidad de síntoma.
“Lo que te hace sentir bien no te puede causar ningún daño”.
Un día sorprendió a sus amigos cantando sobre un disco de Odetta[3], pero ellos también eran testigos de sus problemas con el alcohol y de cómo provocaba a los hombres para pelear cuerpo a cuerpo. A sus 17 años emprende un viaje por EE.UU, bebiendo tanto alcohol y tuvo el primero de sus muchos tratamientos de desintoxicación. En Austin, hizo su debut como cantante, Janis relata “cantaba solamente por la bebida”.
Esta concepción del poder del significante mencionada por Miller, J. A.[vi] determina el régimen de goce, y en el parletre gozar de un cuerpo pasa por golpearlo, arruinarlo y aun destruirlo, dando cuenta del sadismo implícito en el significante. De modo que la simbolización -la palabra- sostiene el goce del cuerpo y además tiene efectos de goce sobre el cuerpo del Otro. Así Lacan, cuestiona el término sujeto en tanto falta en ser, sustituyéndolo por el parletre que refiere al sujeto más la sustancia gozante y de este modo introduce el término pareja-síntoma como simétrico al de parletre.
“Aquí estoy, amigo, para celebrar una fiesta, (…) ese es también tu deber”.
El entrenamiento en los bares de Austin le permitió a Janis ir Nueva York, para instalarse en el Greenwich Village. Sexo libre, droga y alcohol, las insignias de la época. Ella incrementa su consumo de heroína y entabla muchas relaciones amorosas, todas relaciones difíciles, con hombres y mujeres por igual, que acrecienta su sentimiento de abandono perenne.
El Otro en la pareja-síntoma es representado por un cuerpo vivo, sexuado y el parletre también tiene un cuerpo sexuado, pudiéndose ubicar así la cuestión de la relación sexual. Jae Whitaker[4] menciona que Janis se definía como “sexual” -ni heterosexual ni bisexual- y revela con detalle la intensa necesidad de cariño que tenía y cuanto la desbastaba no colmarla.
Una de las acepciones que Miller, J. A.[vii] le otorga al término pareja-síntoma, es que la relación de pareja supone que el Otro se torna el síntoma del parletre, esto es, un medio de goce. Un modo de gozar del inconsciente y por eso mismo, un modo de gozar del cuerpo del Otro -siendo el propio cuerpo como el cuerpo de cualquier otro-. Así el Otro definido como medio de goce, confiere sentido a la frase “no hay la relación sexual” en tanto el parletre como ser sexuado hace pareja a nivel del goce y esa relación es siempre sintomática.
“Una mañana de estas vas a levantarte cantando (…) y elevarte hacia el cielo”
En 1965 nuevamente regresa al infierno, despedazada por las drogas, hecha piel y huesos. Allí, Janis se dedicó a preparar su boda con Michel Raymond, lo que deviene en una nueva decepción amorosa cuando descubre que le era infiel. Si bien su sueño había naufragado, permanecía intacto allí, donde se tornó pesadilla.
¿Cómo el parletre se sirve del Otro para gozar? Miller, J. A.[viii] responde que el goce se produce en el cuerpo del Uno a través del cuerpo del Otro, señalando que el goce es autoerótico, autístico, y al mismo tiempo, aloerótico en tanto siempre incluye al Otro. En este sentido, distingue del goce fálico -autoerótico, que se produce fuera del cuerpo- el goce femenino en función del No-Todo, goce que se produce en el cuerpo, pero un cuerpo que no hace un Todo. Establece que la inclusión entre hombres o mujeres es para el psicoanálisis una cuestión de elección que no siguen al sexo biológico, sino que son estas estructuras significantes del lado masculino y del lado femenino las que determinan la pareja-síntoma como medio de goce, que siguiendo a lacan en el hombre tiene la forma del fetiche, mientras que para la mujer tiene la forma erotomaníaca.
Nuevamente instalada en San Francisco, Janis bebió unos tragos, sin saber que tenía 70 gotas de ácido lisérgico. En esas condiciones aprende cómo usar su voz para llevar a su público al delirio. Desde allí, las cosas comienzan a ser distintas… por un tiempo. Janis regresa triunfante a Port Arthur, pero sus padres al enterarse de su regreso deciden irse de la ciudad, lo que hace que tal regreso triunfante, no disipe el infierno. En el carnaval de Rio de Janeiro entabla una relación amorosa. En plena euforia del amor libre, teniendo una amante[5] a la que adoraba, quería casarse como cualquier otra mujer de Port Arthur. Encontrar la manera de que su novio firmase un contrato prenupcial, la motivó visitar a su abogado y firmar su propio testamento. Janis, solía declarar, “en el escenario le hago el amor a 25.000 personas diferentes. Luego me voy sola a casa”.
Miller, J. A.[ix] señala que del lado femenino, el parletre impone a la pareja una forma específica en función de lo ilimitado del goce. Lo cual se puede observar en el papel que la demanda de amor desempeña en la sexualidad femenina, donde comporta en sí misma un carácter absoluto y una tendencia hacia el infinito. Es una demanda que incide sobre el ser de la pareja y que deja al desnudo su forma erotomaníaca, la que el otro la ame. De modo, que podemos conjeturar que en función de la estructura del No Todo, la pareja-síntoma de la mujer se torna la pareja-estrago. El estrago es la otra cara del amor, es el síntoma pero con un índice infinito, carácter que le imprime la estructura No Todo y es en función de esta estructura, que un hombre –añado un partenaire- podría constituirse en la pareja-estrago para la peor “devastación” de una mujer.
En la madrugada del 04 de octubre de 1970 Janis Joplin se inyectó heroína por última vez y el pinchazo fue mortal. Ya no habría más dolor ni rechazos amorosos; estaba muerta antes del amanecer a sus 27 años de edad. Ese mismo día, su productor además de encontrar el cuerpo de Janis tendido en la cama del hotel Ladmark, encontró en el buzón de la habitación una carta reciente de su última pareja quien le prometía que pronto se reencontrarían.
[1] Los subtítulos que dividen el escrito son frases pronunciadas por Janis Joplin en diferentes entrevistas periodísticas.
[2] Los datos biográficos de Janis Joplin se obtuvieron principalmente del documental Janis: Little Girl Blue dirigido por Amy Berg (2015) y otros artículos periodísticos.
[3]Odetta Holmes, cantante y activista por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos.
[4]Pareja conviviente de Janis Joplin en 1964.
[5]Peggy Caserta, uno de los vínculos afectivos más constante en la vida de Janis Joplin.
[i]Luis Darió Salamone (2023): Psicoanálisis, Drogas y Rock and Roll. La Llave de Mandala, pp.9
[ii]Elba Batla, Juan J. Criscaut, Ennia Favret, Sara Freid, Ana Celia Nemaric, Liliana Rossi, Diana Valla (2014). Un estrago: La relación madre-hija. Ed. Grama. P. 61.
[iii]Ibid. P.50.
[iv]Miller, J. (1998). El hueso de un análisis. Buenos Aires: Tres haches. PP. 65-66.
[v]Ibid. P. 68.
[vi]Ibid. P. 70.
[vii]Ibid. P. 72.
[viii]Ibid. P. 74.
[ix]Ibid. PP. 77-82.