

(Publicado en el Nro 5 del boletín digital “Discontinuidad”, a través de EOL Postal, en mayo de 2020)
“Pandemia global” es el nombre que la OMS dio a los alcances de la enfermedad causada por el corona virus.
Tenemos, por un lado, el sentido griego del primer término, forjado con los términos “todo” y “pueblo”, de modo que, tratándose de una enfermedad, se trata de una que afecta a la totalidad del pueblo o al pueblo entero. Entramos así en las ambigüedades del término “todo”. En el caso de una enfermedad ́pandémica’ me parece claro que su todo es un caso de para todos y cada uno sin límites muy precisos. Podía ser los que hablaban griego pero no los bárbaros, y luego más de un país, un continente, dos continentes… ahora el planeta, pero con nichos no alcanzados que no impedirán el uso del pan de pandemia. Un Uno Todo como La Humanidad, definible como conjunto cerrado, mostraría de inmediato su ficción ante el hecho de que no podría ser alcanzado por el virus. El virus se expande, uno por uno, cuerpo por cuerpo, y ninguna frontera religiosa, política, económica o cultural, lo limita. Además, reduce a cada cual a no ser sino uno, tan incomparable en su infección eventual como el vecino que es otro uno susceptible de infección, y como el vecino de ese vecino y así siguiendo. Por eso sólo reina el número… de infectados, de muertos, de recuperados… de coeficientes RO…
Si consideramos ahora el término “global”, y aunque este término recubra ya en parte el de “mundial”, su auge se debe a que designa un proceso sin fronteras. Una globalización es una expansión sin límites precisables.
Tenemos, entonces, que para todos, tomados de uno en uno, se globaliza el virus.
Esta lógica define al capitalismo, y basta reemplazar corona virus por cerveza corona para entenderlo, o por cualquier otro objeto (hacemos chistes pero no publicidad) con valor de cambio, o plus de gozar Todo fálico, lo que es lo mismo.
¿Por qué, entonces, filósofos políticos notables y un clamor general importante ha considerado que el acontecimiento corona-virus-pandemia-global puede abrir una vía de respuesta al capitalismo, como marca entre un antes y un después?
La cuestión me parece de interés en psicoanálisis porque permite despejar un equívoco en el empleo de las fórmulas de la sexuación de Lacan, en el análisis político. No veo inconveniente en aplicar a la producción capitalista la fórmula según la cual no existe nada que pudiese decir no al valor de cambio, al plus de gozar, al Todo fálico en que eso se funda. (1) Pero eso no quiere decir que algo se “feminice”, porque no se articula con ningún no-todo. Al contrario, se articula con la voluntad de pasar a lo real la ficción del Todo falo (=Todo es dinero = Todo es negocio, Todo es poder y etcétera). Ahora bien, no se verifica que ese Todo se vuelva real, pero se verifica cada vez más que el proceso ilimitado de intentarlo conduce a la destrucción de la vida. Lo vio Freud como “pulsión de muerte”, y Lacan lo precisa como el destino del goce fuera-de cuerpo.
Entonces, contingencia. Un virus en su propagación pandémica desencadena por un tiempo una comprobación inédita por su alcance de la inexistencia del Otro y del Todo. Cada cuál como uno entre otros remitido a su responsabilidad, frente a un real fuera de comercio, de pura pérdida al respecto, sin valor de cambio. No hay Poder político Mundial para enfrentar la cosa. La serie de los líderes en su diversidad, uno por uno, pierden sus semblantes y quedan en la condición real del acto sin fundamento y la responsabilidad de las consecuencias. Que las primeras diferencias asumiesen la forma de “vida o economía” nos señala bien de qué se trata.
Pero lo crucial, y es el sentido de estas líneas señalarlo, es que bajo la condición del uno por uno, la inexistencia del Otro, y un peligro para la vida que no es compartido sino para cada cual, surge para muchísimas personas (no todas) pero para muchísimas en el planeta, una identificación a lo real de los otros, fuera de lenguaje; la del amor real, la de la indistinción de los cuerpos, la de la acción colectiva basada en que sostener el goce en el cuerpo del otro, no se distingue del goce en el cuerpo de cada uno.
Se ha difundido en las redes, en el momento en que escribo esto, una emotiva versión de La tendresse por Valentin Vander. Adaptada a las circunstancias se llama La tendresse. Symphonie confinée. (2) Ilustra bien la identificación a la que me refiero y sus coordenadas, y la necesidad de ternura para vivir, pero también el paso (que un analista no se permite) del amor real al amor al Nombre del Padre. Su segunda estrofa dice: “Podemos vivir sin gloria, que no prueba nada, ser desconocido por la historia, y sentirse bien”. Ese sentirse bien supone ternura, es goce en el cuerpo, fuera de lenguaje, y la copla lo dice muy bien. Pero se termina anclándolo en un Dios al que se pide que nos derrame lluvias de ternura hasta el fin de los tiempos.
Por este último camino no se saldrá, pero por el de la tarea anónima que consigue más efecto de ternura en los cuerpos concretos, sí, y a sabiendas de que no tiene ningún sentido. Me parece un acontecimiento que esto haya surgido una vez más, pero en escala planetaria. Dependerá de cada uno hacer recordar en los niveles de su acción que es real que la vida no se sostiene si todo es dinero.
Buenos Aires, 20 de abril de 2020
Notas
1 Lacan, J., (1976-1977) “El Seminario, libro 24. L’insu que sait de l’une-bevue s’aile à mourre”. Clase del 1° de diciembre de 1976. Inédito.
2 Debo esta referencia a Roxana Morales.