

(Publicado en la revista Pilquen N° 1 del CID Bariloche. Se puede acceder a la revista completa haciendo click aquí )
La intención de estas líneas es compartir una breve puntuación sobre la noción de cuerpo en psicoanálisis y cómo sus declinaciones a lo largo de la enseñanza de Lacan inciden en nuestra concepción de la práctica.
Lacan formaliza, en un comienzo, dos modalidades de concebir el cuerpo que ya encontrábamos en Freud: el cuerpo que se constituye en el estadio del espejo dando cuenta del pasaje del autoerotismo al narcisismo y el significante que recorta los agujeros de las zonas erógenas pulsionales. Ambas perspectivas se articulaban: la asunción jubilosa de la imagen ofrecía una unidad a la fragmentación pulsional.
Entonces, el objeto a planteaba aquello del goce posible ante la mortificación del cuerpo introducida por el significante y un goce en su estatuto imaginario obtenido a partir de la unidad de la imagen. Así, la dirección de la cura tenía como horizonte la caída de las identificaciones y, principalmente, la construcción y atravesamiento del fantasma, en tanto el inconsciente es el discurso del Otro.
En su última enseñanza, Lacan ubica que “el cuerpo es algo que se goza” (1), el cuerpo como superficie de escritura de los acontecimientos de goce contingentes y singulares, previos a cualquier representación e imagen, que inoculan un goce parasitario con el cuál hay que arreglárselas. Un giro fundamental que precisa las consideraciones freudianas en torno al más allá del principio del placer.
El cuerpo ahora es aquello que permanece de lo vivo cuando no está todavía articulado con el lenguaje, solo basta el eco de un decir, el traumatismo de lalengua. Primero se tiene un cuerpo y luego viene el ser, se añade al goce del cuerpo el embrollo del nacimiento del Otro. Posición que conduce a Lacan al nudo borromeo, donde va a reconfigurar la economía del goce y el estatuto del sinthoma.
El horizonte de nuestra práctica se amplía cuando el Otro tiene como antecedente el Un-cuerpo (2); después de haber recorrido las escorias heredadas del discurso del Otro la experiencia analítica pretende alcanzar un real. En esta dirección, Laurent señala que la interpretación se acopla a la definición del síntoma como acontecimiento de cuerpo (3) y Miller nos recuerda que la poética de la interpretación está para “llevar la interpretación a la potencia del síntoma” (4).
Durante este año tan particular, donde la presencia del cuerpo estuvo en debate en nuestra comunidad, he podido constatar que hay una dimensión del análisis que es posible sostener bajo la “modalidad virtual”, pero queda por investigar -estamos aún en el instante de ver- qué sucede respecto de la incidencia de la interpretación y su efecto a nivel del goce del sinthoma fuera de sentido.
Bibliografía
(1) Lacan, J. (1972-73) El Seminario, Libro 20: Aún, p. 32. Paidós, Barcelona, 1991.
(2) Miller, J.-A. (2006 – 2007) El ultimísimo Lacan. Cap. VII y VIII. Paidós, Buenos aires, 2013.
(3) Laurent, Éric “El relámpago y el síntoma” en Lacaniana Nro. 28. “Un sentido… Real. Publicación EOL 2020.
(4) Miller, J.-A. “Una fantasía” en Lacaniana Nro. 3. Publicación EOL 2005.